Salud mental y regreso de las vacaciones, volver a la rutina también implica volver a encontrarnos

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Ese momento donde las vacaciones terminan y, casi sin darnos cuenta, comienzan a reaparecer los horarios, los correos pendientes, las responsabilidades, los desplazamientos y esa sensación de que el tiempo vuelve a acelerarse.

En ocasiones, se presenta antes de regresar a nuestra cotidianidad, basta pensar en todo lo que nos espera para que la sensación de descanso comience a mezclarse con la preocupación. Y, aunque hayamos descansado, disfrutado o compartido momentos agradables, la vuelta puede estar acompañada de apatía, cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse o cierta tristeza. 

Para muchas personas, regresar de vacaciones no resulta sencillo.

¿Por qué cuesta tanto volver?

Quizá porque regresar de vacaciones no consiste únicamente en volver al trabajo o recuperar un horario. Desde el punto de vista psicológico, supone una transición entre dos formas diferentes de vivir.

Es importante destacar que nuestra relación con el tiempo cambia. Aquellas obligaciones que acompañan nuestra rutina cambian o pueden disminuir, tenemos la sensación de mayor libertad para decidir qué hacer y, en ocasiones, encontramos espacios que durante el resto del año parecen difíciles de conseguir: dormir sin despertador, comer sin prisa, conversar más, caminar, viajar o simplemente no tener que responder constantemente a las demandas de otras personas.

Cuando ese tiempo termina, no solo volvemos a la rutina. También dejamos atrás una manera diferente de habitar nuestra vida.

Transición psicológica en el regreso a la rutina. 

En los últimos años se ha popularizado la expresión «síndrome posvacacional» para referirse al malestar que algunas personas experimentan al regresar a sus responsabilidades habituales. Sin embargo, conviene ser prudentes con este término.

Sentirse desmotivado durante los primeros días, tener dificultades para recuperar el ritmo o experimentar cierta nostalgia no significa necesariamente que exista un trastorno psicológico. Recordemos que un síndrome responde a un conjunto de signos y síntomas que juntos hablan de un problema (cuadro clínico) y creemos que en la mayoría de los casos estamos lejos de ello.

La investigación científica muestra que las vacaciones pueden tener efectos positivos sobre la salud y el bienestar. De hecho, un metaanálisis realizado por De Bloom y colaboradores (2009) concluyó que las vacaciones tienen efectos positivos sobre la salud y el bienestar, aunque estos pueden disminuir después de la reincorporación al trabajo, esto resulta comprensible.

Durante las vacaciones disminuyen algunas de las demandas que organizan nuestra vida cotidiana. Al regresar, esas demandas vuelven a aparecer de manera relativamente rápida. El cambio puede sentirse como una especie de choque entre dos ritmos diferentes. Pondré un ejemplo de manera superficial, que se refiere a lo contrario, las personas cuando se jubilan, tambien dejan de obedecer a ese reloj de rutinas marcadas por obligaciones laborales, y deben adaptar su tiempo a ello, por eso, quizá sea adecuado pensar que volver a la rutina después de vacaciones es más en una adaptación que en un problema.

La mente y el cuerpo también necesitan tiempo para cambiar de ritmo.

En las vacaciones descansamos, pero sabemos que tendremos que volver

A nivel emocional, en las vacaciones hay una ambivalencia que se caracteriza por sentirnos felices por descansar, realizar actividades que nos producen disfrute y placer y, al mismo tiempo, podemos sentir tristeza porque sabemos que el periodo va a terminar y se ha terminado. A esto se suma que podemos tener ganas de reencontrarnos con determinadas personas o recuperar cierta organización y sentir agobio ante las tareas pendientes.

No siempre sentimos una única emoción frente al regreso.

A veces aparece nostalgia por un lugar. Otras veces echamos de menos a las personas con quienes compartimos esos días. También podemos echar de menos una versión de nosotros mismos: la persona que tenía tiempo para leer, caminar, dormir más o simplemente no hacer nada.

La vuelta puede hacernos descubrir algo curioso: que no solo extrañamos las vacaciones, sino la manera en que nos sentíamos durante ellas. Y eso es muy importante, porque en ocasiones, lo que más cuesta no es abandonar una playa, un viaje o un hotel. Lo que cuesta es volver a una vida cotidiana en la que sentimos que apenas tenemos tiempo para nosotros mismos.

Descansar no significa solamente dejar de trabajar

En las vacaciones, no basta con alejarnos físicamente del trabajo para sentir que hemos descansado. Podemos estar de vacaciones y continuar pensando constantemente en los problemas pendientes, en los correos que tendremos que responder o en las decisiones que nos esperan al regresar. 

Pereira y col (2017) señalan que, las vacaciones ofrecen oportunidades para recuperarse del estrés relacionado con el trabajo.

Hemos encontrado como algunas personas cuando regresan de las vacaciones dicen no sentir que realmente han descansado, no porque hayan hecho demasiadas actividades, sino porque quizá nunca lograron desprenderse completamente de aquello que les preocupaba y es cuando comprendemos que descansar no siempre significa hacer menos. A veces significa dejar de estar psicológicamente disponibles todo el tiempo.

Por esta razón creemos que en la vuelta, la posibilidad de relajarse y desconectar por momentos de la rutina, desempeñan un papel importante en esta recuperación.

La calidad del descanso importa

No todas las vacaciones producen los mismos efectos. No existe una fórmula universal que garantice que unos días libres nos harán sentir mejor. Algunas personas necesitan viajar; otras prefieren quedarse en casa. Para algunas, descansar significa estar acompañadas; para otras, significa disponer de tiempo a solas.

A veces recuperamos energía porque dormimos más. Pero otras veces descansamos porque podemos conversar sin mirar constantemente el reloj, compartir una comida tranquila o sentir que, durante unas horas, no tenemos que cumplir ninguna función más allá de estar presentes.

Las vacaciones también cambian nuestras relaciones

Durante el año, muchas relaciones quedan organizadas alrededor de los horarios. Nos vemos entre jornadas laborales, hablamos mientras hacemos otras cosas, compartimos espacios, pero no siempre tiempo y las vacaciones, son ese espacio en el que se pueden modificar temporalmente estas dinámicas.

Lo importante no parece depender únicamente de dónde vamos o cuánto dinero invertimos, sino también de lo que ocurre psicológicamente durante ese tiempo. El descanso se asocia a las relaciones que establecemos en ese tiempo, donde las personas experimentaban mayor bienestar durante las vacaciones cuando se sienten más relajadas y consiguen desconectarse psicológicamente del trabajo (De Bloom et al., 2010). Algunas personas se sienten más cerca de sus parejas, familias o amistades. 

Otras descubren que pasar muchas horas juntas también puede generar tensiones. Cuando desaparece la excusa de «no tengo tiempo», pueden aparecer conversaciones pendientes, diferencias en la manera de organizar el día o necesidades personales que antes pasaban desapercibidas. Por eso, idealizar las vacaciones como un periodo exclusivamente feliz tampoco refleja toda la realidad. Las vacaciones pueden ser un espacio de disfrute, pero también pueden hacer visibles conflictos.

Y al regresar, las relaciones vuelven a transformarse.

Las familias recuperan sus horarios. Las parejas vuelven a organizarse alrededor del trabajo. Las amistades que compartieron un viaje regresan a sus respectivas ciudades o rutinas. 

Recordemos que no añoramos solo el lugar, también cómo nos sentíamos con determinadas personas cuando teníamos tiempo para estar con ellas. Pero el bienestar no depende exclusivamente de aprender a relajarnos. También está relacionado con las condiciones materiales que hacen posible.

Cuando volver también implica hacer cuentas en nuestra economía

Las vacaciones pueden implicar gastos debido a los viajes, alojamiento, restaurantes, actividades o encuentros familiares, para muchas personas, esto es un esfuerzo económico importante.

Al regresar, pueden reaparecer las preocupaciones relacionadas con el dinero.

  • Las facturas.
  • Los gastos del nuevo curso.
  • Las responsabilidades pendientes.
  • La necesidad de reorganizar el presupuesto.

La investigación específica sobre vacaciones se ha centrado principalmente en la recuperación del estrés y el bienestar (De Bloom, J. y cols.,2012), por lo que no sería correcto afirmar que existe un «malestar económico posvacacional» claramente definido.

Sin embargo, la preocupación económica sí tiene una relación evidente con nuestra sensación de seguridad y control. Y esto nos recuerda algo fundamental: no todas las personas tienen la misma posibilidad de descansar.

Para algunas, las vacaciones son un periodo de disfrute. Para otras, pueden estar atravesadas por la preocupación económica, por la imposibilidad de desconectar del trabajo o incluso por la necesidad de utilizar esos días para resolver responsabilidades acumuladas.

Tenemos por otro lado, personas para las que las vacaciones pueden ser un periodo del «todo vale» y gastar pensando que «vida solo hay una», y sobre pasar los limites reales de sus posibilidades, esto tambien puede ser problemático porque incrementan las preocupaciones económicas.

¿Y si el problema no es volver, sino aquello a lo que volvemos?

La investigación sobre vacaciones ha mostrado que algunos de sus efectos positivos pueden disminuir después de regresar al trabajo. Pero esto no significa necesariamente que las vacaciones hayan «fracasado».

Quizá el bienestar disminuye porque volvemos a las mismas condiciones que generaban estrés antes de irnos.

  • Una carga excesiva.
  • Una falta constante de tiempo.
  • La imposibilidad de desconectar.
  • Un trabajo que genera malestar.
  • Una dinámica familiar agotadora.
  • Una rutina en la que apenas existe espacio para descansar.

Las vacaciones pueden ofrecernos una pausa, pero no siempre pueden resolver aquello que ocurre durante el resto del año. En este sentido, detenernos puede tener un efecto inesperado: hacernos conscientes de cosas que antes habíamos normalizado.

Durante meses podemos acostumbrarnos a vivir cansados. Pero cuando nos alejamos temporalmente de ese ritmo, el contraste puede hacerse más evidente. A veces no descubrimos que estamos agotados hasta que conseguimos descansar.

La rutina es importante para nuestro bienestar psicológico 

Es fácil idealizar las vacaciones y pensar en la rutina como algo negativo. Los horarios proporcionan estructura. Los hábitos reducen la necesidad de decidir constantemente. Las actividades conocidas pueden generar sensación de estabilidad y seguridad.

El problema aparece cuando esa rutina está construida únicamente alrededor de obligaciones. Cuando todo el tiempo está ocupado. Cuando descansar se convierte en algo que debemos «ganarnos». Cuando disfrutar queda reservado exclusivamente para las vacaciones.

Una pregunta que resolviéndola podría ayudarnos con este proceso: ¿Qué podríamos traer de las vacaciones a nuestra vida cotidiana?

Es una realidad, no podemos vivir permanentemente de vacaciones. Lo que podríamos hacer es conservar algunas de las cosas que nos hicieron bien.

¿Qué te hacía sentir bien? 

  • Tal vez descubrimos que necesitábamos dormir más.
  • Que caminar nos ayudaba.
  • Que disfrutábamos de conversar sin mirar el teléfono.
  • Que comer con calma era diferente.
  • Que nos sentíamos mejor cuando pasábamos más tiempo al aire libre.
  • Que necesitábamos recuperar una actividad que habíamos abandonado.
  • Que no responder inmediatamente a todos los mensajes no provocaba ninguna catástrofe.

Las vacaciones pueden convertirse, entonces, en una especie de observatorio. Un lugar temporal desde el que mirar nuestra vida cotidiana con cierta distancia.

Y preguntarnos:

¿Qué quiero conservar de este tiempo?

¿Qué estaba echando de menos sin darme cuenta?

¿Qué descubrí sobre mí cuando disminuyeron las exigencias?

¿Qué aspectos de mi rutina necesitan cambiar?

No siempre podremos modificar las condiciones externas. Existen responsabilidades laborales, familiares y económicas que no dependen únicamente de nuestra voluntad. Pero quizá sí podamos introducir pequeños cambios.

Es importante que, en la cotidianidad, protejamos nuestro descanso, recuperar una actividad que disfrutamos, establecer límites para nuestra disponibilidad, recuerda que no necesitamos ser productivos todo el tiempo, y sobre todo, dedicar más tiempo a nuestras relaciones.  disponibilidad permanente.

El cuerpo también necesita volver poco a poco

El regreso no es únicamente psicológico. Durante las vacaciones suelen cambiar nuestros horarios de sueño, la alimentación, la actividad física y el nivel de exigencia.

Por eso, intentar recuperar inmediatamente el mismo ritmo puede resultar difícil. Quizá no necesitamos exigirnos volver a funcionar al cien por cien desde el primer día. Volver progresivamente puede ser una forma de cuidado.

Organizar las tareas, priorizar lo importante y aceptar que la concentración puede tardar unos días en recuperarse puede hacer que la transición sea más amable. No se trata de evitar las responsabilidades. Se trata de reconocer que los cambios de ritmo también requieren adaptación.

Cuando el malestar permanece

Para muchas personas, las sensaciones incómodas asociadas al regreso disminuyen después de unos días. Sin embargo, cuando el malestar se mantiene durante semanas, aumenta progresivamente o comienza a afectar de forma importante al sueño, las relaciones o la vida cotidiana, puede ser necesario detenerse y observar qué está ocurriendo.

No es lo mismo necesitar tiempo para adaptarse que sentir un rechazo profundo y persistente hacia la propia vida. En ocasiones, la vuelta después de las vacaciones puede convertirse en una oportunidad para hacernos preguntas que durante el resto del año no encontraban espacio.

¿Estoy realmente descansando?

¿Mi ritmo de vida es sostenible?

¿Tengo tiempo para mí?

¿Estoy esperando las vacaciones para sentir que puedo vivir con tranquilidad?

¿Hay algo en mi trabajo, mis relaciones o mi rutina que necesito revisar?

A veces, el malestar no aparece porque hayamos vuelto de vacaciones, simplemente nos pone nuevamente frente a aquello de lo que necesitábamos descansar.

¿Cómo podemos construir una vida cotidiana en la que el descanso no sea únicamente algo que esperamos una vez al año?

El regreso de las vacaciones puede marcar el final de un periodo de descanso.

Pero también puede ser una oportunidad para recordar que nuestra salud mental necesita algo más que sobrevivir hasta las próximas vacaciones. Necesita espacios para detenerse, relaciones en las que poder estar presentes y una rutina que, además de exigirnos, también nos permita respirar.

Referencias 

De Bloom, J., Geurts, S. A. E., & Kompier, M. A. J. (2009). Do we recover from vacation? Meta-analysis of vacation effects on health and well-being. Journal of Occupational Health, 51(1), 13–25.

De Bloom, J., Geurts, S. A. E., Taris, T. W., Sonnentag, S., De Weerth, C., & Kompier, M. A. J. (2010). Effects of vacation from work on health and well-being: Lots of fun, quickly gone. Work & Stress, 24(2), 196–216.

De Bloom, J., Geurts, S. A. E., & Kompier, M. A. J. (2012). Effects of short vacations, vacation activities and experiences on employee health and well-being. Stress and Health, 28(4), 305–318.

Pereira, D., Hächler, P., & Elfering, A. (2017). Recovery experiences during vacation and their association with job stressors and health. Escritos de Psicología, 10(1), 13–30.

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Carolina Reyes Gonzalez

Doctora en psicología