¿Qué significa desear tener un hijo?
El deseo de tener un hijo puede parecer, a primera vista, una cuestión sencilla y plantearse como: querer o no querer ser madre o padre.
Sin embargo, cuando se abre un espacio para hablar sobre este deseo, pueden aparecer múltiples dimensiones.
Antes de realizar esta descripción, consideramos importante señalar que la experiencia de la paternidad también constituye un proceso de gran relevancia y puede implicar importantes repercusiones psicológicas. Si bien en este artículo nos centramos en la experiencia de la maternidad, entendemos que algunos de los aspectos abordados pueden ser transversales a ambas experiencias y, por tanto, contribuir a la comprensión de determinados procesos vinculados también a la paternidad. No obstante, el análisis específico de la experiencia paterna será desarrollado en otro artículo.
El deseo de maternidad
El deseo de maternidad no puede entenderse únicamente como el “quiero” tener un hijo, porque desear ser madre y desear un hijo no son necesariamente la misma cosa.
El deseo de maternidad se inscribe en la historia singular de cada mujer, en sus identificaciones, sus vínculos, sus fantasías, su relación con el cuerpo y con la feminidad, así como en aquello que, consciente e inconscientemente, espera encontrar o construir a través de la experiencia de ser madre.
La maternidad introduce una transformación profunda: la mujer pasa a ocupar un lugar social y simbólico cargado de expectativas sobre lo que significa ser una “buena madre”. Como señala Chacón (2023), la posición de mujer no puede reducirse a una definición universal: las mujeres existen una por una, mientras que la figura de “la madre” tiende a construirse socialmente como una posición más universal, atravesada por ideales y modelos sobre cómo debe comportarse una madre.
Por eso, el deseo de ser madre no debería confundirse con el ideal de maternidad. Una mujer puede desear un hijo y, al mismo tiempo, experimentar ambivalencia, miedo, dudas o incluso rechazo hacia determinados aspectos de la maternidad. Puede desear profundamente ser madre y no sentirse identificada con la imagen de la “madre ideal”. También puede descubrir, una vez que llega el hijo, que continúa existiendo en ella un deseo que no queda completamente absorbido por la maternidad.
El deseo de ser madre no es igual para todas las mujeres porque no aparece de la misma manera ni tiene el mismo significado para cada una. Desde esta perspectiva, desear un hijo no puede separarse de la historia personal de cada persona: sus experiencias, vínculos, miedos, fantasías y de la forma en que se ha construido como mujer.
Desear ser madre y desear responder a lo que se espera de una madre, no son necesariamente la misma cosa. A veces podemos confundir lo que realmente queremos con aquello que sentimos que deberíamos querer: la familia, la pareja, la edad, la cultura o las ideas sobre lo que significa ser una “buena mujer” o una “buena madre” (Chacón Domínguez., 2023).
Tambien es importante recordar que convertirse en madre no hace desaparecer a la mujer que existe detrás de esta función. El hijo puede ocupar un lugar central en su vida, y no necesariamente ocupar todo el espacio de su deseo, sus intereses y vínculos o su propia vida.
Desde esta perspectiva, quizá una de las preguntas más importantes no sea únicamente: “¿quiero ser madre?”, sino también se pueden abrir otras preguntas que nos guíen :
¿qué significa para mí ser madre? ¿qué imagino? ¿qué espero?
También resulta necesario preguntarse cuánto de ese deseo pertenece a la propia mujer y cuánto está atravesado por el deseo del Otro: por las expectativas familiares, la pareja, el entorno social, la cultura o los ideales asociados a la feminidad.
La maternidad como expectativa
La literatura psicoanalítica contemporánea ha cuestionado precisamente la idea de que el deseo de tener hijos pueda entenderse como algo universal, natural o idéntico en todas las mujeres. Alkolombre (2023), por ejemplo, aborda el deseo de hijo teniendo en cuenta tanto su dimensión subjetiva como las transformaciones sociales y las nuevas posibilidades reproductivas.
Esto permite diferenciar entre el deseo de un hijo y la expectativa de lo que debería ser una mujer o una pareja.
En ocasiones, las preguntas que aparecen se asemejan a estas:
- ¿Qué significa para mí ser madre?
- ¿Qué imagino que cambiará en mí sí tengo un hijo?
- ¿Qué lugar tendría ese hijo en mi vida y en mi proyecto de vida?
- ¿Qué deseo conservar de mí misma?
- ¿Qué experiencias de mi propia historia influyen en la manera en que imagino la maternidad?
- ¿Cómo imagino que la maternidad transformaría mi relación con mi pareja, mi trabajo y mi propia identidad?
- Y, sobre todo, ¿qué parte de mi deseo es propio y cuál responde a aquello que otros esperan de mí?
No existe una única respuesta correcta. La clave estaría en diferenciar deseo, demanda, mandato, ideal y fantasía. La terapia puede convertirse en un espacio para que estas preguntas puedan ser pensadas sin tener que responderlas desde las expectativas de otras personas.
El hijo imaginado
Antes de que exista un embarazo, puede existir ya una representación del hijo.
Se puede imaginar cómo será, qué relación se tendrá con él, cómo cambiará la vida o incluso qué aspectos de la propia historia se espera transmitir o reparar. Estas representaciones forman parte de la experiencia subjetiva del deseo.
Raphael-Leff (2020) señala que, el significado que una mujer atribuye a la experiencia del embarazo está relacionado con su historia psicológica y con fuentes tanto conscientes como inconscientes. La llegada de un hijo implica, por tanto, la entrada en relación con un otro que, inicialmente, también ha sido imaginado y representado psíquicamente.
- ¿Qué lugar tendría ese hijo en mi vida?
- ¿Qué espero encontrar en la maternidad?
Explorar estas representaciones puede ayudar a comprender qué se está poniendo en juego en el deseo de maternidad sin reducirlo a una explicación única.
La maternidad en el nacimiento del hijo
La maternidad también puede llevar a una mujer a preguntarse quién es y qué desea más allá de ser madre. Sabemos que, aunque durante un tiempo las necesidades del bebé pueden ocupar gran parte de la vida de una mujer, esto no significa que su vida y sus deseos queden reducidos a la maternidad.
Ser madre no significa dejar de ser mujer ni dejar de tener una vida propia. La maternidad puede ser una parte importante de la identidad, pero no la define por completo. Siguen existiendo otros deseos, relaciones, intereses, proyectos y formas de sentirse una misma.
Por eso, el deseo de maternidad es necesariamente singular y puede contener contradicciones. Puede existir deseo y miedo; ilusión y pérdida; identificación y rechazo; amor y ambivalencia. La presencia de estos sentimientos no invalida el deseo ni convierte a una mujer en una “mala madre”. Al contrario, reconocer la ambivalencia permite separar el deseo propio de los ideales que socialmente se proyectan sobre la maternidad.
Podría aportar a esta comprensión, trabajar con un profesional estos aspectos que no solamente se pregunte por si la mujer quiere tener un hijo, sino de poder escuchar qué significa ese hijo en su deseo. Como psicóloga mi interés no está en determinar si existe un supuesto “verdadero deseo” de maternidad, sino en explorar cómo se ha construido ese deseo y qué significado tiene para la persona.
Referencias
Chacón Domínguez, F. (2023, 14 de mayo). On being a woman and motherhood in psychoanalysis. Peek Inside My Brain. https://peekinsidemybrain.substack.com/p/on-being-a-woman-and-motherhood-in
Imber, R. (2019). Becoming a mother: Developmental challenges. The American Psychoanalyst. American Psychoanalytic Association. https://apsa.org/wp-content/uploads/apsaa-publications/vol53no3-TOC/html/vol53no3_11.xhtml
Smulansky, A. (2024, 31 de enero). The child and the woman’s enjoyment (I. Gutauskas, Trans.). LacanLink. https://lacan.link/texts/the-child-and-the-womans-enjoyment
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.